lunes, 5 de enero de 2015

Causas de 2015

Queridas seguidoras y seguidores. Hace ya 2 años que iniciamos la andadura de este proyecto. Desde el primer momento ha sido una gratificante experiencia colaborativa en la que muchas mujeres y algunos hombres de diversos países han compartido con ustedes y conmigo su conocimiento, su tiempo y sus palabra.



En 2015, las causas elegidas entre las propuestas por el equipo y las redes sociales han sido: 

Enero: Movimientos sociales y activismo Feminista. 
Febrero: Mitos del amor romántico.
Marzo: Corresponsabilidad y nuevas familias.
Abril:Comunicación no sexista. Lenguaje inclusivo. ‪#‎GolondrinasalaRAE‬
Mayo: Legislación y mujeres en el mundo.
Junio: Mujeres invisibles. 
Julio: Cuerpos y sexualidades.
Agosto: Dobles discriminaciones dentro y fuera del feminismo.
Septiembre:Machismos en los feminismos. La sororidad.
Octubre: Feminismos y realidades geográficas. 
Noviembre: Violencias contra las mujeres.
Diciembre: Logros del feminismo en el mundo

Este año, y como novedad, cualquier persona que desee hacer su aportación a la causa del mes, podrá enviar su artículo de un máximo de 500 palabras a: especialistaenigualdad@gmail.com. Serán publicados siempre que no sean sexistas o discriminatorios o insultantes. En todo caso, deben incluir breve intro de la autora o autor (más 100 palabras) e incluir las fuentes o referencias que se citen mediante enlaces o referencias bibliográficas.

Los esperamos. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

Feminismo y Tratado de Libre Comercio UE y USA (TTIP)

La importancia del movimiento feminista en la campaña contra el TTIP



¿Qué es eso del TTIP?

TTIP son las siglas en inglés del “Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones” que se está negociando entre los Estados Unidos y la Unión Europea. Este tratado, que se está fraguando a espaldas de la ciudadanía, supondrá la armonización de las leyes entre ambas potencias comerciales, con el fin de liberalizar los mercados financieros y crear la zona de libre comercio más grande del mundo.

Esta armonización legislativa significará que las regulaciones políticas, sociales, culturales, económicas y ambientales se supriman para favorecer otras leyes que primen los beneficios de las grandes empresas por encima del bienestar y la protección de la ciudadanía. A la orden del día estarán la privatización y la liberalización de los servicios públicos, la merma de los derechos de las personas e, incluso, de nuestra seguridad física y ambiental.

Además, una cláusula de resolución de conflictos entre inversores y estados, con la que se pretende defender a los primeros de cualquier amenaza legislativa, permitirá a éstos denunciar, a través de tribunales comerciales, a los estados que desafíen sus beneficios con políticas de carácter social. Por ejemplo, una ley que impida la expropiación de las viviendas a ciudadanía en riesgo de exclusión social, podría ser demandada por una entidad financiera cuyas inversiones se centren en la especulación inmobiliaria.

En pocas palabras: el TTIP destruirá el poco bienestar que le queda a la ciudadanía e impedirá su derecho a exigir y construir una legislación fuerte que blinde su seguridad política, social, económica, cultural y ambiental.

¿Qué supondrá para nosotras este tratado?

Esta destrucción de nuestros derechos, que ya viene siendo sistemática con la excusa de la crisis, dará como resultado una mayor precarización de la sociedad y, por consiguiente, una mayor carga de trabajo para las mujeres. No nos olvidemos de que somos nosotras quienes ejercemos, en mayor medida, todas las tareas relacionadas con los cuidados y la sostenibilidad de la vida.

La desarticulación de los sistemas públicos como el de la educación, el de la sanidad o el de los servicios sociales, así como el incremento de la contaminación y el aniquilamiento de la naturaleza. harán que las mujeres vuelvan a hacerse cargo, si es que en algún momento no lo hemos hecho, del papel que el patriarcado les ha asignado, el de cuidadoras.

En condiciones comunes, las mujeres ya sufrimos la presión de la exclusión. El 70% de la población mundial en situación de pobreza son mujeres. Ello es debido no sólo a la brecha salarial, el techo de cristal o a que tengamos un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial; si no también, y sobre todo, a la división sexual de trabajo -de lo cual se derivan las anteriores condiciones-, que nos mantiene en la desigualdad y se nos impide el empoderamiento económico necesario para poder estar en una posición justa de negociación de las reglas del juego. El TTIP hará  que estas reglas sean aún más desiguales.

El movimiento feminista debe de estar en la primera línea de la lucha social contra el Tratado de Libre Comercio.

Por un lado, somos las grandes olvidadas. Cuando se habla de los grandes temas a los que afectará en nuestro día a día un tratado como éste, en la mayoría de los casos se invisibiliza, de manera consciente o inconsciente, que las mujeres nos vamos a llevar la peor parte. Y no sólo las mujeres, otros colectivos sociales minorizados, como la población inmigrante o la población con problemas de dependencia, son habitualmente prescindibles en los debates sobre los efectos del TTIP para la ciudadanía. Tenemos el deber de posicionarnos y de salir en la defensa de nuestros derechos, tenemos la responsabilidad de ejercer como sujetas sociales y políticas activas frente a este monstruo que se quiere comer nuestra ya disminuida autonomía.

Por otro lado, la lucha en contra del Tratado de Libre Comercio no debe de ser sólo una defensa de lo que ya tenemos, debemos ir más allá y exigir un replanteamiento del sistema político, social, económico, cultural y ambiental. En este sentido, la economía feminista tiene mucho que decir, puesto que se basa principalmente en la necesidad de reestructurar las relaciones de poder, haciéndolas equitativas (tanto las relaciones de género como otras, como pueden ser las interculturales o las de las personas y la naturaleza), y focalizando, de manera multidimensional, nuestra mirada en el sostenimiento y en el ciudado de la vida.

Cambiemos, pues, las reglas del juego. Seamos motor de cambio, como ya hemos demostrado ser a lo largo de la historia. ¿Nos vemos en las calles?

Más información sobre el TTIP: http://noalttip.blogspot.com.es/

Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp. sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación, diversidad afectivo-sexual y promoción de la igualdad. Bloguera en http://vidadiversidadresistencia.blogspot.com.es/


martes, 30 de septiembre de 2014

Heterofalopatriarcado y alosexismo: el espectro asexual como disidencia


Durante el mes de septiembre, hemos dedicado el blog y la página de 12 causas feministas a desmontar la heterosexualidad obligatoria y a dar a conocer las diversidades sexuales. La razón de que el feminismo necesite hacer este ejercicio es porque el patriarcado es heterofalocéntrico,  monosexista y monógamo, además de alosexista.

El sistema sexo/género que sustenta al patriarcado nos dice que machos y hembras deben usar el sexo para la reproducción de la especie. Por eso es heterocentrista, falocentrista y coitocentrista (hombre/mujer, pene/vagina). Pero, además, como necesita que la mujer esté subordinada al hombre, utiliza el amor romántico para crear relaciones monógamas insanas[1]. Todo aquello que se salga de la norma es condenado inmediatamente por el patriarcado. Algunas veces necesita apropiarse de ciertos conceptos o de ciertas luchas y parece que la condena no es tan grande. En este sentido, Glick & Fiske propusieron la teoría del sexismo ambivalente, en el que incluyen dos tipos de sexismo: el sexismo hostil (completamente visible y fácil de etiquetar) y el sexismo benévolo (el que no se ve). Este último, el hermano bueno del sexismo, sería el paradigma de como el patriarcado ha ido evolucionando para hacerse menos visible, más sutil. De ahí que se consientan[2] las relaciones homosexuales y algunas formas de poligamia, pero la bi/pansexualidad[3] y la transexualidad, por poner algún ejemplo, no sean tan fácilmente entendidas y/o visibilizadas.

Dentro de todo este conglomerado de diversidades en torno a la sexualidad, la identidad, la orientación, la estética, etc., siempre hay una que se nos escapa: la asexualidad. Si tenemos en cuenta que el patriarcado está encaminado hacia la reproducción, entenderemos el porqué de esta exclusión. La asexualidad es completamente incompatible con el patriarcado. Desde que nacemos se nos asume como personas sexuales, cuya vida está encaminada a encontrar una pareja romántica y tener descendencia. Las personas asexuales sufren desde la infancia cierta presión social por no ser capaces de sentir atracción sexual hacia otras personas. Preguntas como “¿aún no tienes pareja?”[4] o “¿te gusta alguna persona?”[5], son recurrentes durante la adolescencia y la juventud. Robin (quien se identifica como Ian en las redes sociales y regenta un blog en inglés sobre asexualidad y género[6]) dice “Me costó mucho empezar a identificarme con la comunidad asexual precisamente porque yo sentía que había de ser normal, por lo que eso incluía sentir atracción sexual (sea hacia cualquier género). Una vez entendí que el sexo no es importante para mí y no es obligatorio, pude empezar a sentir que en realidad podría ser asexual” Claro que algunas personas asexuales sí que sienten atracción romántica, en cuyo caso el reto está en que la otra persona entienda que para ellas el sexo es algo completamente secundario.

Porque si hay algo que caracteriza a esta sociedad patriarcal y capitalista de hoy en día es la hipersexualización. Moisés Catalán, psicólogo y blogger de El Príncipe Lila, escribe: “Solo hay que ver el hecho de que, dentro de la orientación sexual, se incluye la orientación romántica. Amor y sexo van unidos, y es extraño cuando se explica que ciertas personas pueden enamorarse, pero que no les interesa el sexo. Es algo que no se entiende en una sociedad que, para vender coches, casas y hasta un estilo de vida, remite al sexo.”


Todo está orientado al sexo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos recibimos múltiples mensajes con el mismo fin: sexualizar nuestras vidas. Azul, una mujer argentina de 24 años, demisexual, me contaba “Creo que la sociedad ha hecho de la sexualidad otro objeto de consumo. Se vende sexo, se compra sexo, se promociona sexo. Puedes comprarte un perfume, pero seguramente te promocionaron sexo en la publicidad. Así mismo el éxito y/o felicidad suele medirse en qué tan activo sexualmente es o no una persona o qué tan deseable sexualmente es. Esto contribuye a construir una sociedad en donde el sexo es otro artículo de lujo que hay que conseguir y explotar a toda costa, aunque no te sientas cómodo con la idea. Es un juego perverso, porque al mismo tiempo el sexo es el gran tabú, por lo que debes vivir tu sexualidad como la sociedad indica, una sexualidad prefabricada para deleite de la sociedad capitalista y heterosexista, todo lo demás queda catalogado como lo anormal.”; en el mismo sentido Mónica de 21 años dice: “no hay ni un sólo día que me sienta avergonzada o forzada a mentir por mi asexualidad, con gente con la que no tengo suficiente confianza, reirme de bromas sobre sexo o afirmar que un tío está cañón.” Sexualización que, además, nos cosifica como mujeres (somos el objeto de deseo) y nos ata a un canon concreto en el que tanto el cuerpo de la mujer como el del hombre tienen que encajar[7].

Desde que concebí este artículo, mi objetivo era demostrar que visibilizando la asexualidad, podemos empezar a desarmar al patriarcado y al capitalismo desde la deconstrucción de la sexualidad como una necesidad humana de primera clase. Si entendemos que hay personas que no necesitan practicar sexo para sentirse completas, o que simplemente viven su sexualidad desde perspectivas muy diferentes a las nuestras, que no sienten atracción sexual o que, si la sienten, lo hacen o lo expresan desde la diversidad[8], estamos entendiendo que la sexualidad no es un producto que se pueda comprar y vender en lotes iguales, ni tampoco es un bien de primera necesidad como la alimentación o la sanidad. Las personas sexuales tienen derecho a ser, sentirse y expresarse como tales, igual que las personas asexuales tienen derecho a no sentirse incomodadas por la sociedad. Normalizar la asexualidad, visibilizarla, ayudaría a que el patriarcado y el capitalismo no utilizaran el sexo como un producto de mercado, como una forma más de constreñir a las mujeres, o como una manera de apropiarse de las sexualidades disidentes.

Me quedo con tres ideas: La primera es de Azul “Hay que luchar por la visibilidad. Creo que es lo que hoy se necesita, estoy segura que como yo hay muchas personas que desconocen quienes son, que piensan que están mal o que no encajan. Reconocernos, saber quiénes somos es fundamental para definirnos y aceptarnos.”; la segunda es que debemos “quitarle importancia a las etiquetas (tanto autoimpuestas como impuestas por la sociedad), romper con la lógica del repudio, reconocer que los sistemas dicotómicos no son aplicables a la sexualidad y que no solo un camino es el correcto”[9]; y la tercera es la necesidad de un cambio que no “sea individual, sino buscando la manera de ser visibles, crear comunidades y que esas comunidades no sean endogámicas, aisladas del mundo, creyendo que su participacion o aislamiento no tiene ningún efecto en la sociedad, porque siempre se tiene.”[10]. A partir de ahí, sigamos trabajando por una sociedad más justa e igualitaria, donde todas las personas tengan cabida y se respeten sus derechos (tanto los individuales como los colectivos).

Para saber más sobre asexualidad: http://www.asexuality.org/sp/ (en español)

PD. Gracias a todas las personas que me guiaron en este tema, las que me ayudaron a difundir la búsqueda de personas asexuales con quienes poder hablar, a los y las expertas en diversidad afectivo-sexual y activistas a quienes tuve el placer de entrevistar y conocer (aunque fuera de una manera tan virtual), y a quienes respondieron con paciencia a mis preguntas.

Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp.sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación, diversidad afectivo-sexual y promoción de la igualdad. Bloggera en http://vidadiversidadresistencia.blogspot.com.es/








[1]     Y con ello no estoy diciendo en absoluto que todas las relaciones monógamas sean insanas, ni que todas las relaciones polígamas sean sanas.
[2]     Siempre de una manera paternalista. Sigue habiendo LGTBfobia, pero es mucho más sutil.
[3]     Es curioso como las orientaciones no monosexuales son invisibilizadas. Se acepta la homosexualidad, sobre todo la masculina, pero la bisexualidad intenta esconderse bajo cualquier precio.
[4]     Suelen ser ¿aún no tiene novio?, si eres una mujer, y ¿aún no tienes novia?, si eres hombre.
[5]     Como en el caso anterior, la pregunta se hará en masculino si eres mujer y en femenino si eres hombre.
[7]     Para saber más sobre la hipersexualización de la sociedad y la encrucijada en la que se encuentran las mujeres, recomendable leer el libro Muñecas vivientes, de Natasha Walter.
[8]     Charlie, de 20 años, Argentina, se presentó como: “Soy Lithsexual/akoisexual (un tipo de grisexual) por que siento atracción sexual de forma esporádica cuando no es reciproca o sin importar si lo es o no. También soy arromántico panafectivo porque no siento atracción romántica hacia ningún género/ nadie ni me puedo enamorar, pero siento atracción afectiva y me puedo arrobar con personas de todos los géneros. Por último me identifico como skoliosensual, por sentir atracción erótico-sensorial (no sexual) hacia personas no-binarias y biestético por sentir atracción estética hacia personas binarias.”
[9]     Moisés Catalán.
[10]   Miguel, blogger de Golfxs con principios.

martes, 12 de agosto de 2014

VIOLENCIA SEXUAL COMO ARMA DE GUERRA Y EMPODERAMIENTO FEMINISTA

 

“El triángulo de la violencia es un reflejo social de actitudes y suposiciones humanas, cognición y emociones, conducta humana violenta física o verbal, percepción humana de objetivos incompatibles, chocando. La violencia cultural es la suma total de todos los mitos, de gloria y trauma y demás, que sirven para justificar la violencia directa. La violencia estructural es la suma total de todos los choques incrustados en las estructuras sociales y mundiales, y cementados, solidificados, de tal forma que los resultados injustos, desiguales, son casi inmutables. La violencia directa surge de esto, de algunos elementos o del conjunto del síndrome.” Johan Galtung[1].
Basándonos en esta definición de Galtung, podemos decir que la guerra y todos los crímenes que van asociados a ella surgen de unas estructuras culturales, sociales, políticas y económicas desiguales que se han ido instaurando y permanecen en la mente y en el comportamiento de los seres humanos a lo largo de la historia. Para crear un mundo equitativo, justo, democrático y en paz debemos empezar por deconstruir estas estructuras y erigir otras basadas en los principios que acabamos de mencionar.
En el caso que nos ocupa, la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra, las causas están relacionadas con la violencia simbólica, cultural y estructural ejercida sobre las mujeres y sobre las comunidades indígenas a lo largo de la historia.
La violencia sexual es una de las formas más graves de violencia de género, y se fundamenta en las concepciones sociales sobre el cuerpo femenino y masculino, y sobre la sexualidad. Este imaginario social convierte a la mujer en subordinada, basándose en un sistema sexo-género que, atendiendo a las diferencias biológicas, naturaliza y admite que existen características intrínsecas a los hombres y a las mujeres que tienen que ver con la manera de ser, de sentir, de actuar y de relacionarse con las demás personas. De esta manera, el rol de autoridad y poder masculino ejercido a través de la violencia sexual es tolerado y alentado socialmente.
Relatan horrores en juicio de Ríos Montt
Fuente: http://amqueretaro.com/2013/04/relatan-horrores-en-juicio-de-rios-montt/.html
Como ocurre con otras formas de violencia y discriminación, la violencia sexual contra las mujeres se recrudece durante los conflictos armados y se utiliza como arma de guerra contra los insurgentes y sus familias.
La utilización de este tipo de violencia hacia las mujeres se da por diferentes razones: en algunos casos es una conquista del territorio (utilización del cuerpo de la mujer como parte del territorio masculino, que debe de ser “expropiado”), en otros casos un castigo a las mujeres guerrilleras puesto que ejercen un rol que no les corresponde, también se utiliza como método de tortura para sacar información a las mujeres sospechosas de tener algo que ver con la insurgencia, y en muchos casos con la intención de destruir a una o varias comunidades indígenas.
Si ponemos como ejemplo el conflicto armado interno de Guatemala (1960-1996), las más afectadas son las mujeres indígenas: el 88,7% de las víctimas de violación son mayas, el 10,3% ladinas y el 1% restante pertenece a otros grupos. Lo cual evidencia el carácter genocida de esta guerra. La violación, tortura, humillación y asesinato de mujeres se vio como algo inherente a la guerra, lo cual quedaba reservado a la esfera privada. Esto tuvo consecuencias gravísimas para las propias mujeres y para la comunidad en general, ya que para ellas representaba un tema tabú del cual se avergonzaban y era la propia comunidad la que en muchas ocasiones las discriminaba. Esto ocurría y ocurre por la cultura machista que predomina sobre todo en zonas rurales, donde la virginidad de la mujer es muy valorada, por ello las mujeres que sufrieron estos abusos eran rechazadas por los hombres y tachadas de prostitutas. Por esta razón, los soldados utilizaban la violación como conquista del poder sobre los guerrilleros, para debilitarles y desmoralizarles, ya que amenaza su virilidad y su vulnerabilidad. Se conquista a la mujer como al territorio, por las mismas razones de invasión del enemigo. Era la manera, también, de someter a un pueblo entero a través del cuerpo de sus mujeres; de forma que se destruía el tejido social, comunitario y cultural de los pueblos indígenas.
En este contexto, la lucha de las mujeres que han sufrido este tipo de violencia por la igualdad entre hombres y mujeres pasa, no sólo por la denuncia y el castigo de estos crímenes, si no por la visibilización y la desestigmatización de las mujeres afectadas (lo que incluye el conocimiento y el reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos como vía para ser dueñas de su propio cuerpo y de su propia vida), y sobre todo la re-negociación de un nuevo pacto social que incluya unos nuevos cimientos para las relaciones de género. Es decir: desnaturalizar la violencia sexual contra las mujeres y convertirla en una violación de los derechos humanos fundamentales, que las mujeres tomen conciencia de sus cuerpos y de su sexualidad como algo propio, y transformar el sistema de poder patriarcal imperante en uno o varios modelos culturales, sociales, políticos y económicos más equitativos, justos y democráticos.
La condición física y psicosocial de las mujeres es determinante y básica para el ejercicio de sus derechos; por tanto, los movimientos de mujeres y feministas proponen generar espacios de reflexión y regeneración de conciencia para recuperar el cuerpo de las mujeres, y no continuar reproduciendo los roles que han venido asumiendo hasta ahora. Todo ello sin dejar de lado la diversidad cultural, que hemos visto de vital importancia en casos como el de Guatemala. Se incide contra el racismo de la misma manera que se lucha contra el sexismo, para reducir las brechas de las desigualdades existentes. Sin dejar tampoco de lado la participación de las y los jóvenes en estos procesos de transformación.
Es muy importante, entonces, el reclamo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; como medio para la erradicación de la violencia ejercida contra nosotras[2], pero también como un paso importante para recuperar nuestros cuerpos y, de esta forma, poder ser dueñas de nuestras propias vidas e identidades, como personas de pleno derecho y ciudadanas, como actoras de cambio.
En este contexto, resultan de gran relevancia las conferencias o foros nacionales e internacionales de mujeres en lucha. Estos eventos constituyen una forma de presión social y política, y se enmarcan, además, en ambientes de solidaridad y de apoyo, creando redes de mujeres y feministas a lo largo de todo el mundo.
“Cuando  las  mujeres  se  apropian  de  sus  memorias  para interpretarlas, organizarlas y divulgarlas, ocurre  un salto cualitativo que se materializa en la historia  propia,  donde  somos  nosotras  quienes  hablamos  desde  nuestros  cuerpos,  con  nuestras  voces  y  nuestros símbolos, para decidir un presente que ya  se  hace  futuro.” Ana Cofiño (La Cuerda, Guatemala: http://lacuerdaguatemala.org/es/)

BIBLIOGRAFÍA
AA. VV. Violencias contra las mujeres en el mundo: diversidad de miradas y estrategias para afrontarlas. Entrepueblos, 2008.
Revista La Cuerda, miradas feministas de la realidad. Nº 145: Memoria, construcción social del recuerdo. Guatemala, junio 2011.
D'ANGELO, Almachiara. Explorando nuestros cambios: Indicadores para evaluar  procesos educativos de género. Estudio realizado en el marco del proyecto Mujer,  Salud y Violencia (Financiado: UE, FNUAP; Ejecutado: C.V.G, Entrepueblos y Terra  Nuova), 1999.
GALTUNG, Johan. Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Red Gernika, 6. Bilbao, Bakeaz/Gernika Gogoratuz, 1998.
FULCHIRON, Amadine. La denuncia de la violencia sexual cometida durante la guerra en Guatemala: ¿un camino hacia la negociación de un nuevo contrato sexual? Artículo elaborado para el congreso de LASA 2006.

Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp.sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación, diversidad afectivo-sexual y promoción de la igualdad.




[1]      Politólogo noruego, una de las voces más importantes en temas de investigación sobre la paz y los conflictos sociales.
[2]      El tema de la violencia sexual sobre las mujeres es siempre tabú durante y después de los diferentes conflictos, por lo que sacarlo a la luz, recuperando una parte de la historia que ha estado escondida, es la forma de que las mujeres dejen de sentir vergüenza y culpa. El primer paso es reconocerse como mujeres, y reconocerse como capaces de afrontar y superar la situación de sumisión a la concepción androcéntrica del mundo.

jueves, 26 de junio de 2014

Mobbing: un problema social silencioso


‘No más muertes por bullying, no más burlas, acoso ni golpes por compañeros de clase’ el tema del acoso escolar está latente en la agenda de la política mexicana y de la sociedad en general, en un momento donde la violencia se ha expandido como un verdadero virus, ésta ha rebasado el control institucional y ya no reconoce espacios, edades, ni géneros. México se encuentra a la cabeza de los países en los que se sufre más bullying a razón de una serie de importantes casos de atropellos a los que no se les da la debida importancia, pero la agenda de observación se olvida de un tipo de violencia que va en aumento y poco se ha atendido como materia de atención urgente: el mobbing laboral.[1]

Se conocen infinidades de casos de jefes que violentan psicológicamente, humillan y gritan a sus empleadxs; pero también existen compañerxs que se burlan, amenazan o ignoran a sus iguales. Ese tipo de violencia lleva un nombre y se ha convertido en un problema del espacio laboral que cada día se intensifica y que tiene un significado catastrófico para las carreras profesionales de personas exitosas, que puede alejarlas, dejarlas discapacitadas o ser una razón de suicidio.

El mobbing laboral, un término investigado en la década de los 80s, afecta a muchas personas trabajadoras y se define como el hostigamiento laboral constante y persistente. Algunos comportamientos típicos que giran en torno a esta definición son: indicar tareas humillantes o fuera del rol de la persona, no asignarle tareas, descalificarla como persona o cuestionar sus logros con ironías, atacarla verbalmente (insultos), aislarla, actuar como si no estuviese allí o no existiera, hablar sobre rumores e infamias sobre su intimidad, ofenderla a gritos, responsabilizarla de cosas que no hizo con acusaciones o bromas. Quien recibe todo esto se confunde, no comprende qué sucede, se generan entonces los primeros síntomas de estrés en una víctima, acompañados por su esfuerzo de mejorar el desempeño en el trabajo.[2] Pensando en femenino, al considerar a las personas que han sido objeto de este tipo de acoso en algún momento de su vida laboral se encuentra que en un 9% las mujeres han sido víctimas y a éste porcentaje debe añadirse el acoso sexual en el trabajo. El mobbing viene mezclado con otros tipos de ataques, pero si se piensa laboralmente, este acoso coloca a la mujer frente a una desventaja de seguridad laboral, ya que ella puede ser víctima de una múltiple serie de afectaciones psicológicas y físicas que la mayoría de veces son interiorizadas sin nunca hacerlas evidentes, la anterior es una cifra alarmante cuando se repiensa en las condiciones de seguridad que una empresa debe proveer como espacio de desenvolvimiento cotidiano.

Causas que dan origen al mobbing

Según investigaciones de las recientes décadas, los factores fundamentales por los que se presenta el mobbing en los centros de trabajo son los siguientes:

1) Porque la víctima es diferente a los acosadores, al grado de que puede tratarse de una persona brillante o reconocida en su ámbito profesional y que el acosador envidia.
2) Cuando el acosado es débil (sentimentalmente) y no corresponde al perfil de su superior o de sus compañeros de trabajo.[3]

Este tipo de motivos me hace pensar que las empresas que permiten el mobbing son incapaces de superar los estereotipos sociales y de género, evidencian que aún es mucho el trabajo que tienen que realizar para fomentar la tolerancia y la igualdad entre lxs colaboradores de sus filas y este tipo de acoso pone en duda el derecho que se tiene como ciudadanxs de garantizar la libertad de trabajo (y en él); por otro lado, existen un gran número de denuncias de acoso sexual en el trabajo, pero me pregunto si existen las mismas condiciones de libertad para denunciar el mobbing cuando viene por ejemplo, de un(a) superior, la demanda laboral contemporánea coloca a las personas en desventaja cuando entre oferta y demanda intentamos emparejar números, hecho que ocasiona que muchas personas, la mayoría mujeres, no denuncien el acoso por mobbing por ‘miedo’ a perder su puesto, fomentando así la reproducción y acentuación de estas situaciones de violencia silenciosas.

Mobbing maternal

¿Se sufre acoso laboral por el hecho de ser madre o quedar embarazada? ¿Mobbing o discriminación? Muchas empresas ejercen el mobbing con gran sutilidad, puesto que para algunxs jefes la maternidad se ha convertido en una estrategia para hacer uso de él y generar así la exclusión laboral y social de la mujer, ya que su embarazo implica para ellxs un factor de riesgo o un incremento en el costo de la productividad, logrando así dejar atrás el tema de la discriminación y dando paso  al mobbing maternal, conviertiéndose en otro fenómeno social silencioso que fomenta la interrupción (no planeada) del embarazo no planeado por miedo a perder el puesto; puede ser también que en caso de permanecer en el empleo existan ataques psicológicos generados a través de mobbing que conllevan una intención clara de provocar a las acosadas una sensación de derrota y la inminente renuncia a su trabajo, en dicho supuesto la empresa la tendrá que dejar partir sin mediar ningún despido porque la víctima en un momento dado no aguantará más este ataque psicológico, vienen entonces las llamadas ‘recomendaciones’ del tipo: es lo mejor para tu condición o ve a descansar y disfrutar de tu embarazo.

La Organización Internacional del Trabajo señala que el trabajo debe ser un espacio productivo y seguro, orientarse con respecto a los derechos, con diálogo social e igualdad de oportunidades, así como negociaciones que permitan superar los conflictos institucionales inminentes. Es alarmante conocer cifras en las que se evidencia que el mobbing es una enfermedad social que afecta profundamente la vida laboral de las personas, ya que si le pregunta a alguien si ha ejercido alguna vez bullying (mobbing) en contra de un compañero de trabajo, 82.2% afirma que nunca lo ha hecho, 16.9% dice que sucedió alguna vez y 8% acepta tener esta conducta en forma regular.[4] Discriminación, bullying, moobing laboral y maternal, distintas definiciones con el mismo fin, todos estos son un tipo un de violencia que las empresas deben velar por erradicar, asegurando una mejor calidad de vida de sus colaboradores. Trabajamos por necesidad y por supervivencia, formamos parte de una sociedad en la que el empleo es una pieza fundamental para el  desarrollo de las personas. Es cierto  que ante la falta de empleo, el temor a ser despedidx o a manchar la imagen orilla a las personas a soportar el maltrato, temores por los que se dejan crecer los problemas de mobbing laboral o peor aún se sufren en silencio.

Desde esta perspectiva de género para 12 Causas Feministas la recomendación es denunciarlo, hacer evidente que este acoso psicológico silenciado es un problema social del cual las empresas y las instituciones también deben hacerse responsables, porque el mobbing de cualquier tipo afecta a varones y mujeres adultxs, pero no debe ser callado por temor a nadie, no debe reproducirse, pero sí se debe aprender a identificarlo; es una tarea faraónica, será difícil hacerlo evidente y luego contrarrestar el problema, pero por salud y bienestar vale la pena intentarlo.


Autora: Licenciada Santa Sabina patiño Rodríguez



[1]   Destaco y aclaro que este análisis sobre el mobbing fue realizado desde una perspectiva de género, enfocado en la rama de trabajo de 12 Causas Feministas para un 2013 menos machista.