lunes, 18 de agosto de 2014

Empoderamiento y "categorías"

El empoderamiento supone un desafío para el patriarcado y para el sistema  que lo mantiene, vivimos en un sistema patriarcal en el que se establecen unos roles y unos cánones que oprimen principalmente al sexo femenino y frente a los cuales el empoderamiento supone una liberación de esos cánones o al menos su destrucción parcial a partir de la puesta en cuestión de los mismos. Por ello toda acción de empoderamiento resulta transgresora y esta transgresión puede resultar a veces conflictiva y, en ocasiones, ese conflicto es utilizado en discursos machistas que tratan de desprestigiar el feminismo, por eso es necesario aclarar algunas cuestiones.

El principal problema viene al considerar que el empoderamiento es una acción concreta en un determinado momento, una acción reivindicativa y transgresora cuando en realidad el empoderamiento es un ejercicio más profundo y global y que abarca más que el mero hecho o la mera acción transgresora y que permite cambiar los roles que se han ido estableciendo con el sistema patriarcal.

Intentaré en primer lugar exponer esta explicación con ejemplos:

El  hecho de que una mujer emprenda un negocio es un gesto de empoderamiento, abre caminos y rompe con los roles y cánones del patriarcado, por lo general toda la población suele estar de acuerdo y promocionar esta serie de gestos. Aquí se está rompiendo con el rol tradicional de la mujer. Ese gesto emprendedor es una acción concreta, y es una acción de empoderamiento, pero el empoderamiento no se agota en la acción, sino que se podría identificar con el camino o vía abierta que deja la acción, a saber, por ejemplo, que se incentive el emprendimiento entre mujeres.

Pero hay otros gestos que generan polémica y que por lo general suele provocar otro tipo de reacción en la sociedad, por ejemplo la polémica generada en torno al proyecto freethenipple[1], ante esta campaña, también de empoderamiento, surgió un debate que siempre suele acabar con una dicotomía entre “lo que es verdadero feminismo y lo que no”. Un sector importante de la población consideraba que no es un gesto de empoderamiento o argumentaba que no es necesario enseñar un pecho para empoderar a las mujeres y de ahí se deduce que o bien no es empoderamiento (y que otros gestos si lo son, y al hacer esta división se crean las dos categorías de feministas: las de verdad y el resto de feministas) o que el empoderamiento es algo negativo que tiene que ver con algún tipo de radicalismo.  Sin embargo en esta acción, como en el ejemplo anterior, también se está rompiendo con el rol tradicional de la mujer, lo que ocurre es que se confunde el hecho del empoderamiento como movimiento contra el patriarcado (ruptura de roles tradicionales) con la manifestación del empoderamiento (sea cual sea: emprender un negocio, enseñar un pecho, no depilarse, ganar un premio nobel). Así que ante la respuesta contra este tipo de proyectos o manifestaciones del empoderamiento de este tipo se suele decir “¿Hay que enseñar un pecho para ser feminista o para llevar a cabo dicho empoderamiento?” Pues esa pregunta vendría a equivaler a “¿hay que emprender un negocio para ser feminista y empoderarse como mujer?” la respuesta es que no, no hay categorías de feminismo que vengan dadas por los gestos de empoderamiento que realices.




En cualquier caso, lo relevante de la cuestión es darse cuenta de que hay acciones que suponen un beneficio para todas las mujeres, acciones que empoderan y que si bien no es necesario realizar la misma acción, es importante darse cuenta de lo que suponen y no deducir de ahí que hay categorías de feministas.

Los discursos que afirman estas categorías fijan su mirada únicamente en la acción concreta, y no atienden al movimiento de empoderamiento general, y separan a las feministas que realizan esa acción con las que no y a unas las denominan feministas de verdad y a otras de otro tipo, pero esa denominación es tan absurda como decir que la mujer que no emprende un negocio no es auténtica feminista, o que la mujer que no gana un premio nobel no es una auténtica feminista. No existe tal dicotomía, el gesto puede ser diferente pero el objetivo es el mismo y el movimiento de empoderamiento también.

Así que, en conclusión, no existen diversas categorías de feminismo y el empoderamiento no es el medio por el cual se te asigna una determinada categoría, el empoderamiento consiste en romper con los cánones y los roles marcados por el patriarcado y existen diversas formas mediante las que se puede empoderar a una mujer, hay acciones concretas pero el empoderamiento no se agota en ellas.






Autora: Lucía Carrillo González ( @mrsrobinson_ ) tiene 23 años y es licenciada en filosofía por la Universidad de Granada, sus campos de interés son la ética, la filosofía política, los derechos humanos y la metafísica.


martes, 12 de agosto de 2014

VIOLENCIA SEXUAL COMO ARMA DE GUERRA Y EMPODERAMIENTO FEMINISTA

 

“El triángulo de la violencia es un reflejo social de actitudes y suposiciones humanas, cognición y emociones, conducta humana violenta física o verbal, percepción humana de objetivos incompatibles, chocando. La violencia cultural es la suma total de todos los mitos, de gloria y trauma y demás, que sirven para justificar la violencia directa. La violencia estructural es la suma total de todos los choques incrustados en las estructuras sociales y mundiales, y cementados, solidificados, de tal forma que los resultados injustos, desiguales, son casi inmutables. La violencia directa surge de esto, de algunos elementos o del conjunto del síndrome.” Johan Galtung[1].
Basándonos en esta definición de Galtung, podemos decir que la guerra y todos los crímenes que van asociados a ella surgen de unas estructuras culturales, sociales, políticas y económicas desiguales que se han ido instaurando y permanecen en la mente y en el comportamiento de los seres humanos a lo largo de la historia. Para crear un mundo equitativo, justo, democrático y en paz debemos empezar por deconstruir estas estructuras y erigir otras basadas en los principios que acabamos de mencionar.
En el caso que nos ocupa, la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra, las causas están relacionadas con la violencia simbólica, cultural y estructural ejercida sobre las mujeres y sobre las comunidades indígenas a lo largo de la historia.
La violencia sexual es una de las formas más graves de violencia de género, y se fundamenta en las concepciones sociales sobre el cuerpo femenino y masculino, y sobre la sexualidad. Este imaginario social convierte a la mujer en subordinada, basándose en un sistema sexo-género que, atendiendo a las diferencias biológicas, naturaliza y admite que existen características intrínsecas a los hombres y a las mujeres que tienen que ver con la manera de ser, de sentir, de actuar y de relacionarse con las demás personas. De esta manera, el rol de autoridad y poder masculino ejercido a través de la violencia sexual es tolerado y alentado socialmente.
Relatan horrores en juicio de Ríos Montt
Fuente: http://amqueretaro.com/2013/04/relatan-horrores-en-juicio-de-rios-montt/.html
Como ocurre con otras formas de violencia y discriminación, la violencia sexual contra las mujeres se recrudece durante los conflictos armados y se utiliza como arma de guerra contra los insurgentes y sus familias.
La utilización de este tipo de violencia hacia las mujeres se da por diferentes razones: en algunos casos es una conquista del territorio (utilización del cuerpo de la mujer como parte del territorio masculino, que debe de ser “expropiado”), en otros casos un castigo a las mujeres guerrilleras puesto que ejercen un rol que no les corresponde, también se utiliza como método de tortura para sacar información a las mujeres sospechosas de tener algo que ver con la insurgencia, y en muchos casos con la intención de destruir a una o varias comunidades indígenas.
Si ponemos como ejemplo el conflicto armado interno de Guatemala (1960-1996), las más afectadas son las mujeres indígenas: el 88,7% de las víctimas de violación son mayas, el 10,3% ladinas y el 1% restante pertenece a otros grupos. Lo cual evidencia el carácter genocida de esta guerra. La violación, tortura, humillación y asesinato de mujeres se vio como algo inherente a la guerra, lo cual quedaba reservado a la esfera privada. Esto tuvo consecuencias gravísimas para las propias mujeres y para la comunidad en general, ya que para ellas representaba un tema tabú del cual se avergonzaban y era la propia comunidad la que en muchas ocasiones las discriminaba. Esto ocurría y ocurre por la cultura machista que predomina sobre todo en zonas rurales, donde la virginidad de la mujer es muy valorada, por ello las mujeres que sufrieron estos abusos eran rechazadas por los hombres y tachadas de prostitutas. Por esta razón, los soldados utilizaban la violación como conquista del poder sobre los guerrilleros, para debilitarles y desmoralizarles, ya que amenaza su virilidad y su vulnerabilidad. Se conquista a la mujer como al territorio, por las mismas razones de invasión del enemigo. Era la manera, también, de someter a un pueblo entero a través del cuerpo de sus mujeres; de forma que se destruía el tejido social, comunitario y cultural de los pueblos indígenas.
En este contexto, la lucha de las mujeres que han sufrido este tipo de violencia por la igualdad entre hombres y mujeres pasa, no sólo por la denuncia y el castigo de estos crímenes, si no por la visibilización y la desestigmatización de las mujeres afectadas (lo que incluye el conocimiento y el reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos como vía para ser dueñas de su propio cuerpo y de su propia vida), y sobre todo la re-negociación de un nuevo pacto social que incluya unos nuevos cimientos para las relaciones de género. Es decir: desnaturalizar la violencia sexual contra las mujeres y convertirla en una violación de los derechos humanos fundamentales, que las mujeres tomen conciencia de sus cuerpos y de su sexualidad como algo propio, y transformar el sistema de poder patriarcal imperante en uno o varios modelos culturales, sociales, políticos y económicos más equitativos, justos y democráticos.
La condición física y psicosocial de las mujeres es determinante y básica para el ejercicio de sus derechos; por tanto, los movimientos de mujeres y feministas proponen generar espacios de reflexión y regeneración de conciencia para recuperar el cuerpo de las mujeres, y no continuar reproduciendo los roles que han venido asumiendo hasta ahora. Todo ello sin dejar de lado la diversidad cultural, que hemos visto de vital importancia en casos como el de Guatemala. Se incide contra el racismo de la misma manera que se lucha contra el sexismo, para reducir las brechas de las desigualdades existentes. Sin dejar tampoco de lado la participación de las y los jóvenes en estos procesos de transformación.
Es muy importante, entonces, el reclamo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; como medio para la erradicación de la violencia ejercida contra nosotras[2], pero también como un paso importante para recuperar nuestros cuerpos y, de esta forma, poder ser dueñas de nuestras propias vidas e identidades, como personas de pleno derecho y ciudadanas, como actoras de cambio.
En este contexto, resultan de gran relevancia las conferencias o foros nacionales e internacionales de mujeres en lucha. Estos eventos constituyen una forma de presión social y política, y se enmarcan, además, en ambientes de solidaridad y de apoyo, creando redes de mujeres y feministas a lo largo de todo el mundo.
“Cuando  las  mujeres  se  apropian  de  sus  memorias  para interpretarlas, organizarlas y divulgarlas, ocurre  un salto cualitativo que se materializa en la historia  propia,  donde  somos  nosotras  quienes  hablamos  desde  nuestros  cuerpos,  con  nuestras  voces  y  nuestros símbolos, para decidir un presente que ya  se  hace  futuro.” Ana Cofiño (La Cuerda, Guatemala: http://lacuerdaguatemala.org/es/)

BIBLIOGRAFÍA
AA. VV. Violencias contra las mujeres en el mundo: diversidad de miradas y estrategias para afrontarlas. Entrepueblos, 2008.
Revista La Cuerda, miradas feministas de la realidad. Nº 145: Memoria, construcción social del recuerdo. Guatemala, junio 2011.
D'ANGELO, Almachiara. Explorando nuestros cambios: Indicadores para evaluar  procesos educativos de género. Estudio realizado en el marco del proyecto Mujer,  Salud y Violencia (Financiado: UE, FNUAP; Ejecutado: C.V.G, Entrepueblos y Terra  Nuova), 1999.
GALTUNG, Johan. Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Red Gernika, 6. Bilbao, Bakeaz/Gernika Gogoratuz, 1998.
FULCHIRON, Amadine. La denuncia de la violencia sexual cometida durante la guerra en Guatemala: ¿un camino hacia la negociación de un nuevo contrato sexual? Artículo elaborado para el congreso de LASA 2006.

Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp.sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación, diversidad afectivo-sexual y promoción de la igualdad.




[1]      Politólogo noruego, una de las voces más importantes en temas de investigación sobre la paz y los conflictos sociales.
[2]      El tema de la violencia sexual sobre las mujeres es siempre tabú durante y después de los diferentes conflictos, por lo que sacarlo a la luz, recuperando una parte de la historia que ha estado escondida, es la forma de que las mujeres dejen de sentir vergüenza y culpa. El primer paso es reconocerse como mujeres, y reconocerse como capaces de afrontar y superar la situación de sumisión a la concepción androcéntrica del mundo.

sábado, 19 de julio de 2014

Mutilación Genital Femenina y sus consecuencias

La ablación o mutilación genital femenina comprende una serie de prácticas consistentes en la extirpación total o parcial de los genitales externos de las niñas. Se calcula que 70 millones de niñas y mujeres actualmente en vida han sido sometidas a la mutilación/ablación genital femenina en África, Indonesia y el Yemen. Además, las cifras están aumentando en Europa, Australia, Canadá y los Estados Unidos, principalmente entre la inmigración procedentes de África y Asia sudoccidental.
Países dónde se realiza la Mutilación Genital Femenina (MGF)

Pero, ¿dónde comenzó y cuáles han sido los motivos que han extendido y han hecho perdurar esta práctica?

No se sabe con seguridad cuándo y cómo comenzó esta práctica. Los primeros hallazgos fueron encontrados en Egipto en algunas momias de aproximadamente 4000 años de antigüedad, y luego se fue extendiendo por las sociedades tribales muchos países africanos.

Las razones por las que se ha extendido por tantos territorios son muy diversas:

  • Sexuales: a fin de controlar o mitigar la sexualidad femenina. Se piensa que mitiga el deseo sexual y garantiza la fidelidad de la mujer, su virginidad antes del matrimonio y la posibilidad de satisfacer sexualmente a todas las mujeres en caso de poligamia. También se alega que un clítoris que no ha sido "modificado" puede incitar a la masturbación y el lesbianismo, y que el clítoris representa la masculinidad en la mujer.
  • Sociológicos: favorecido por la integración social y el mantenimiento de la cohesión social, o como rito de iniciación de las niñas a la edad adulta
  • De higiene y estéticos: porque se cree que los genitales femeninos son sucios y antiestéticos. La mujer que no ha pasado por este ritual es considerada sucia, y se le prohíbe la manipulación de alimentos y agua.
  • De "salud": se cree que el clítoris es un órgano agresivo y venenoso que pone en peligro los órganos genitales masculinos y al bebé en el momento del parto, pudiéndole causar hidrocefalia. Además, se tiene la creencia que su extirpación favorece la fertilidad y previene el cáncer vaginal
  • Religiosos: su origen se remonta a las religiones politeístas, pero hoy en día es llevada a cabo por personas musulmanas, judías etíopes, católicas, protestantes, adventistas y no creyentes. Aunque no hay un pretexto aparente que relacione estas religiones con la ablación, alguna gente tiene la creencia de que otorga a la mujer pureza.


¿Qué consecuencias puede tener para la salud femenina?

Las consecuencias dependen del tipo de ablación que se realice, las condiciones higiénicas del momento, la destreza de quién lo realice y la resistencia que ponga la persona intervenida. A todo esto, quienes realizan la operación no son consideradas como responsables de la muerte de las personas.

Consecuencias que pueden ocurrir:

  •     Físicas inmediatas: Hemorragias, shock pos-operativo, infecciones y cortes de órganos como la uretra, la vejiga, el ano o las paredes del útero. Además como los instrumentos que se usan raramente están esterilizados, se puede transmitir el tétanos.
  •     Físicas a largo plazo: infecciones crónicas del útero y la vagina, la formación de cuerpos exteriores en la vagina como resultado de la acumulación de la secreción mucosa, la formación de una cicatriz en la vulva puede causar un tremendo dolor que le impidan hacer ciertas actividades, la formación de quistes, menstruaciones dolorosas ya que la sangre no fluye con facilidad, y la esterilidad. Además, durante el parto se necesita reabrir la cicatriz para sacar al bebé, pero como la vulva ya ha perdido su elasticidad, sino es abierto a tiempo el bebé puede morir antes de salir del útero y o padecer daño cerebral.
  •     Sexuales: relaciones sexuales increíblemente dolorosas y anorgasmia.
  •     Psicológicas: puede causar trauma psicológico, ansiedad crónica, sentimientos de humillación y de traición hacia su familia.


Bibliografía:
                 Unicef: Ablación genital femenina.
                Bénédicte L.: APROXIMACIÓN ANTROPOLÓGICA A LA PRÁCTICA DE LA ABLACIÓN O MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA.

                Blog  "papás": En España 17.000 niñas están en riesgo de sufrir ablación.

Autora: Esther Cortés Alonso (@estherCAfem) es una madrileña estudiante de enfermería. Se ha formado en cursos de la Escuela Virtual de Igualdad, asistiendo a jornadas. También está en contacto con organizaciones de ayuda a la mujer, como la red de atención a la mujer en Madrid de la consejería de Mujer y Empleo, o Cruz Roja Mujer.

sábado, 5 de julio de 2014

Ecofeminismo de los Pueblos Indígenas

Hay una corriente feminista que surge de los movimientos indígenas del sur global, que bebe de las vivencias y experiencias de estos pueblos. No se puede afirmar que hay un solo Ecofeminismo de los Pueblos Indígenas, pues existen tantos como comunidades originarias. Su principal punto en común es una fuerte crítica al desarrollismo, desde sus respectivas cosmovisiones. Con el fin de ilustrar esta corriente, vamos a analizar dos ejemplos: el Feminismo Comunitario y el Movimiento Chipko.
Simbología del pueblo maya

El Feminismo Comunitario
Está tomando fuerza en Mesoamérica y en la región andina latinoamericana, y surge de la experiencia vital de las mujeres indígenas, a partir de la toma de conciencia de la opresión y expropiación de sus cuerpos por parte de los diferentes patriarcados: el patriarcado ancestral y el patriarcado occidental que llegó a través de la colonización, ambos se retroalimentan y se refuerzan.
Para los pueblos indígenas, el territorio constituye el referente de identidad colectiva, es decir, el espacio de pertenencia a un grupo y a una cultura[1], marcado por la afectividad histórica con el medio, que ha ido configurando las relaciones sociales de la comunidad y su organización política. Mantener el territorio significa mantener su sociedad y su cultura, así como sus medios de supervivencia. De esta manera, la territorialidad[2] es el fundamento de sus reivindicaciones étnicas y políticas. En estas últimas décadas, la defensa del territorio se ha convertido, además, en una lucha por la supervivencia debido a la entrada de un modelo de producción y consumo que destruye el hábitat y deja a las comunidades sin los recursos básicos necesarios.
En paralelo a la lucha por el territorio ha surgido una lucha de las mujeres por formar parte de la comunidad de una manera integral, reivindicando su participación en las relaciones de poder de una manera igualitaria. Además, ha sido frecuente durante los conflictos armados internos la utilización de la violencia contra las mujeres como arma de guerra, por dos razones principales: como una forma de conquista del territorio y para desestructurar las relaciones internas de las comunidades indígenas. Por eso, la reapropiación de los cuerpos de las mujeres como territorios de resistencia ha tenido un lugar principal en la lucha de estas mujeres por la igualdad de derechos dentro y fuera de su comunidad.
En resumen, el feminismo comunitario se comprende en un contexto en el que la defensa del territorio[3] está siendo prioritaria, integrando en la misma la lucha contra la violencia hacia las mujeres de los diferentes patriarcados. De esta manera, es necesario que el cuerpo se convierta en un territorio (territorio-cuerpo: defensa de los derechos sexuales y reproductivos, deconstrucción de los roles de género y las relaciones de poder) de resistencia frente a la expropiación y violencia históricas, así como la tierra debe de ser defendida porque es el territorio (territorio-tierra: defensa del territorio, de la naturaleza) en el que conviven los cuerpos[4].
El movimiento Chiptko
Vandana Shiva es una de las personas referentes de este movimiento. Movimiento que fue en un principio de carácter ecologista, aunque con una destacada participación de las mujeres. Se constituyó, en sus orígenes, sobre el principio de la no-violencia activa, en defensa de los recursos forestales y la conservación de la naturaleza para frenar su degradación, y ha ido incorporando una visión más amplia sobre los problemas ambientales.
Especial relevancia ha adquirido la lucha contra las biopatentes, al considerar que son la invasión de las formas de vida por parte del capitalismo patriarcal, que hace desaparecer la reproducción y la reemplaza por la producción, para que pueda seguir existiendo un crecimiento del capital[5].
Para el capitalismo patriarcal, cuestiones como la maternidad, los cuidados o la agricultura de supervivencia, son definidas como no productivas, porque no se compran ni se venden, no se genera capital y no existe el crecimiento económico. Forman parte de ciclo de la reproducción, y se han ido incorporando en el sistema capitalista de manera gradual como producción a través de productos como las biopatentes, los fertilizantes, e incluso la propia destrucción de la naturaleza. En definitiva, para el capitalismo patriarcal, la reproducción en sí misma, de la vida, no es considerada como un bien si no se puede incorporar al mercado.
El movimiento Chipko sirve de referencia para mostrar como los movimientos por la reclamación de los derechos de las mujeres surgen de las luchas contra la violación de derechos, aunque éstos en un principio no sean “de género”. De esta manera se demuestra que los movimientos para la reivindicación de derechos a nivel público pueden traducirse en una vindicación de los derechos a nivel personal[6].


Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp.sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación y diversidad afectivo-sexual"


[1]              http://www.albasud.org/noticia/es/39/geopolitica-de-los-territorios-indigenas-de-
guatemala-nuevo-articulo-de-silvel-elias
[2]              Sentido de pertenencia de los habitantes en referencia al lugar en el que viven, que implica las relaciones sociales y las relaciones de esta sociedad con el medio.
[3]              Entendemos territorio como un sistema socioecológico de la sociedad y el medio en el que ésta habita. Así mismo, y para diferenciarlo, hablaremos de tierra para referirnos a la definición espacial, paisajística y ecológica de territorio. Es decir, tierra sería un área física en la que existe un medio natural que interactúa con las sociedades que la habitan.
[4]                     http://porunavidavivible.files.wordpress.com/2012/09/feminismos-comunitario-lorena-cabnal.pdf
[5]              Shiva, Vandana; Flores, Judith; Martínez, Esperanza (2012). Ecofeminismo desde los derechos de la naturaleza.       Quito: Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo.
[6]              DAGSPUTA, J. (2010). “Las luchas de las mujeres supervivientes de Bhopal por la justicia  medioambiental”; en  Género, movimientos populares urbanos 38 medioambiente, pp. 159-169. Madrid: IEPALA

lunes, 30 de junio de 2014

Maternidad y su Influencia en el Desarrollo Laboral de las Mujeres

La maternidad([i]) en la cultura Occidental es entendida como el rol de máxima responsabilidad en el cuidado de la familia. El amor materno y su consagración en el cuidado de los descendientes son unos valores muy significantes para la sociedad. Esto dista del concepto que se tiene sobre la paternidad, pues queda relegada como rol de proveedor y protector familiar, valorándose sobre todo su vida pública y su desempeño cultural.

La maternidad es uno de los arqueotipos femeninos que más perduran y que mas condicionan la vida de las mujeres, llegándolo a equiparar con la feminidad, es decir, considerando el ser madre como la culminación de ser mujer, como un ente homogéneo que debe dedicar una parte importante de su vida a cumplir ese rol reproductivo.

¿Cómo afecta este constructo social en el desarrollo laboral de la mujer?
Las mujeres son las que tienen mayor carga de responsabilidades en el cuidado de sus familiares, dejando muchas veces el trabajo de lado, o teniendo que soportar hasta una triple jornada (laboral, doméstica y de cuidado). Su rendimiento, su salud física y emocional, su desarrollo personal, su promoción y desarrollo profesional, su nivel de recursos económico y su participación social se ven mermados por el sobreesfuerzo y la carga excesiva de responsabilidad a la que se ven sometidas. 

Si se tiene este fenómeno en cuenta, se podrá apreciar que favorece de manera directa en agrandar la violencia laboral dirigida a las mujeres y las desigualdades de género en el trabajo. Las mujeres son las que más hacen uso de jornadas parciales peor remuneradas para poder compaginar otras actividades de su vida. Es por ello, por lo que se pueden promocionar menos y tienen una menos disponibilidad de movilidad, por lo que hace que existan menos posibilidades de ascenso, lo que favorece al fenómeno "techo de cristal". Además, influye en que haya más mujeres que hombres que se dedican al trabajo informal o no remunerado y con menos protección social.

¿Cuál es la solución a esta sobre carga de responsabilidad femenina que afecta a todos los aspectos de su vida?
La única solución viable es la de la Corresponsabilidad. Esto hace que el reparto de responsabilidades sea más justo y equitativo, y no recaiga de manera injusta sobre una persona. Las medidas de conciliación sin plantearse este primer término reforzarían el papel de la mujer con un rol reproductivo: puede trabajar pero tiene que apañárselas para sacar lo otro adelante, ya que, hoy en día, son ellas quienes principalmente se acogen a este tipo de medidas.

Autora:

Esther Cortés Alonso (@estherCAfem) es una madrileñaestudiante de enfermería. Se ha formado en cursos de la Escuela Virtual de Igualdad, asistiendo a jornadas. También está en contacto con organizaciones de ayuda a la mujer, como la red de atención a la mujer en Madrid de la consejería de Mujer y Empleo, o Cruz Roja Mujer.




[i]  II Jornada Presencial de Formación. 5ª Edición de la Escuela Virtual de Igualdad (Nov 2013). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Dirección General para la Igualdad de Oportunidades. Instituto de la mujer.   Ponencias:
·         Ángeles B. G: Maternidad y su influencia en el empleo de las mujeres.
·         Carmen F. B: Mujeres, empleo y crisis económica.
·         Eva G: Corresponsabilidad, ¿En qué medida afecta a ésta la legislación existente sobre la custodia de menores en caso de ruptura de pareja?