sábado, 11 de octubre de 2014

Situación de la mujer con un nivel socioeconómico medio-bajo

La mujer tiene menos acceso al dinero por fenómenos como la brecha salarial, el techo de cristal, el mayor porcentaje de trabajo a tiempo parcial o la distribución del trabajo por roles de género, otorgándole los poco o no remunerados.

El rol que se le asigna a la mujer es reproductivo, considerándose el productivo como algo adicional. Sin embargo, con el hombre pasa al revés. Por lo tanto, la gran responsabilidad económica recae sobre él mientras que la doméstica y familiar lo hace sobre ella. Es por ello por lo que el hombre ha tenido mayor peso sobre el sistema económico, dejando a la mujer en un segundo plano. Esto puede desencadenar en el proceso de violencia económica, que es aquella que se ejerce sobre otra persona para controlarla económicamente y asegurar su dependencia.


El rol de maternidad a su vez refuerza su alejamiento sobre el dinero, al invertir más tiempo en tareas no remuneradas. Si se trata de una mujer con un nivel socio-económico medio-bajo, este fenómeno se incrementa, ya que se haría cargo de las tareas domésticas y del cuidado de familiares dependientes, tanto en periodo de la niñez, como en periodo de enfermedad.  
The Economist, sugiere que, en las últimas décadas, las mujeres han contribuido más a la expansión de la economía mundial que cualquiera de las nuevas tecnologías o los mercados emergentes de China e India bajo el trabajo no remunerado que ofrece este rol.
Consecuencias de estos fenómenos sobre la mujer con un nivel socioeconómico medio-bajo.
Las mujeres tendrían menos acceso a la vida laboral remunerada, y si lo tiene hay un alto porcentaje de trabajo a parcial o temporal. Esto provoca un acceso limitado a las prestaciones contributivas, y por lo tanto, favorecería la pobreza en situación de jubilación u enfermedad.

Además, las reducciones del gasto público tendrían como consecuencia que servicios como la atención de niñ@s y personas dependientes se transfiriesen nuevamente a las ellas, impidiendo aún más su participación en otros aspectos de su vida. Esto por lo tanto, se traduciría en una mayor dependencia de la mujer, pues afecta a su salud física y emocional, su desarrollo personal, su mantenimiento en el trabajo, su promoción y desarrollo profesional o su nivel de participación social.


Que acciones se pueden tomar ante esta situación.
El acceso de la mujer al empleo aporta independencia económica, valoración y reconocimiento social, obtención de derechos sociales propios y no derivados, y el desarrollo de las perspectivas profesionales. Para garantizar esta posibilidad es necesario que se limite su sobrecarga de responsabilidades reproductivas y familiares, haciendo al hombre participe de esta por medio de la corresponsabilidad; y garantizando por parte del estado la inversión en Sanidad y Educación que asegure los principios básicos de la constitución sin relegarlos en otras personas.




Autora:

Esther Cortés Alonso (@estherCAfem) es una madrileñaestudiante de enfermería. Se ha formado en cursos de la Escuela Virtual de Igualdad, asistiendo a jornadas. También está en contacto con organizaciones de ayuda a la mujer, como la red de atención a la mujer en Madrid de la consejería de Mujer y Empleo, o Cruz Roja Mujer.




[i]  II Jornada Presencial de Formación. 5ª Edición de la Escuela Virtual de Igualdad (Nov 2013). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Dirección General para la Igualdad de Oportunidades. Instituto de la mujer.   Ponencias:
·         Ángeles B. G: Maternidad y su influencia en el empleo de las mujeres.
·         Carmen F. B: Mujeres, empleo y crisis económica.
·         Eva G: Corresponsabilidad, ¿En qué medida afecta a ésta la legislación existente sobre la custodia de menores en caso de ruptura de pareja?

martes, 30 de septiembre de 2014

Heterofalopatriarcado y alosexismo: el espectro asexual como disidencia


Durante el mes de septiembre, hemos dedicado el blog y la página de 12 causas feministas a desmontar la heterosexualidad obligatoria y a dar a conocer las diversidades sexuales. La razón de que el feminismo necesite hacer este ejercicio es porque el patriarcado es heterofalocéntrico,  monosexista y monógamo, además de alosexista.

El sistema sexo/género que sustenta al patriarcado nos dice que machos y hembras deben usar el sexo para la reproducción de la especie. Por eso es heterocentrista, falocentrista y coitocentrista (hombre/mujer, pene/vagina). Pero, además, como necesita que la mujer esté subordinada al hombre, utiliza el amor romántico para crear relaciones monógamas insanas[1]. Todo aquello que se salga de la norma es condenado inmediatamente por el patriarcado. Algunas veces necesita apropiarse de ciertos conceptos o de ciertas luchas y parece que la condena no es tan grande. En este sentido, Glick & Fiske propusieron la teoría del sexismo ambivalente, en el que incluyen dos tipos de sexismo: el sexismo hostil (completamente visible y fácil de etiquetar) y el sexismo benévolo (el que no se ve). Este último, el hermano bueno del sexismo, sería el paradigma de como el patriarcado ha ido evolucionando para hacerse menos visible, más sutil. De ahí que se consientan[2] las relaciones homosexuales y algunas formas de poligamia, pero la bi/pansexualidad[3] y la transexualidad, por poner algún ejemplo, no sean tan fácilmente entendidas y/o visibilizadas.

Dentro de todo este conglomerado de diversidades en torno a la sexualidad, la identidad, la orientación, la estética, etc., siempre hay una que se nos escapa: la asexualidad. Si tenemos en cuenta que el patriarcado está encaminado hacia la reproducción, entenderemos el porqué de esta exclusión. La asexualidad es completamente incompatible con el patriarcado. Desde que nacemos se nos asume como personas sexuales, cuya vida está encaminada a encontrar una pareja romántica y tener descendencia. Las personas asexuales sufren desde la infancia cierta presión social por no ser capaces de sentir atracción sexual hacia otras personas. Preguntas como “¿aún no tienes pareja?”[4] o “¿te gusta alguna persona?”[5], son recurrentes durante la adolescencia y la juventud. Robin (quien se identifica como Ian en las redes sociales y regenta un blog en inglés sobre asexualidad y género[6]) dice “Me costó mucho empezar a identificarme con la comunidad asexual precisamente porque yo sentía que había de ser normal, por lo que eso incluía sentir atracción sexual (sea hacia cualquier género). Una vez entendí que el sexo no es importante para mí y no es obligatorio, pude empezar a sentir que en realidad podría ser asexual” Claro que algunas personas asexuales sí que sienten atracción romántica, en cuyo caso el reto está en que la otra persona entienda que para ellas el sexo es algo completamente secundario.

Porque si hay algo que caracteriza a esta sociedad patriarcal y capitalista de hoy en día es la hipersexualización. Moisés Catalán, psicólogo y blogger de El Príncipe Lila, escribe: “Solo hay que ver el hecho de que, dentro de la orientación sexual, se incluye la orientación romántica. Amor y sexo van unidos, y es extraño cuando se explica que ciertas personas pueden enamorarse, pero que no les interesa el sexo. Es algo que no se entiende en una sociedad que, para vender coches, casas y hasta un estilo de vida, remite al sexo.”


Todo está orientado al sexo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos recibimos múltiples mensajes con el mismo fin: sexualizar nuestras vidas. Azul, una mujer argentina de 24 años, demisexual, me contaba “Creo que la sociedad ha hecho de la sexualidad otro objeto de consumo. Se vende sexo, se compra sexo, se promociona sexo. Puedes comprarte un perfume, pero seguramente te promocionaron sexo en la publicidad. Así mismo el éxito y/o felicidad suele medirse en qué tan activo sexualmente es o no una persona o qué tan deseable sexualmente es. Esto contribuye a construir una sociedad en donde el sexo es otro artículo de lujo que hay que conseguir y explotar a toda costa, aunque no te sientas cómodo con la idea. Es un juego perverso, porque al mismo tiempo el sexo es el gran tabú, por lo que debes vivir tu sexualidad como la sociedad indica, una sexualidad prefabricada para deleite de la sociedad capitalista y heterosexista, todo lo demás queda catalogado como lo anormal.”; en el mismo sentido Mónica de 21 años dice: “no hay ni un sólo día que me sienta avergonzada o forzada a mentir por mi asexualidad, con gente con la que no tengo suficiente confianza, reirme de bromas sobre sexo o afirmar que un tío está cañón.” Sexualización que, además, nos cosifica como mujeres (somos el objeto de deseo) y nos ata a un canon concreto en el que tanto el cuerpo de la mujer como el del hombre tienen que encajar[7].

Desde que concebí este artículo, mi objetivo era demostrar que visibilizando la asexualidad, podemos empezar a desarmar al patriarcado y al capitalismo desde la deconstrucción de la sexualidad como una necesidad humana de primera clase. Si entendemos que hay personas que no necesitan practicar sexo para sentirse completas, o que simplemente viven su sexualidad desde perspectivas muy diferentes a las nuestras, que no sienten atracción sexual o que, si la sienten, lo hacen o lo expresan desde la diversidad[8], estamos entendiendo que la sexualidad no es un producto que se pueda comprar y vender en lotes iguales, ni tampoco es un bien de primera necesidad como la alimentación o la sanidad. Las personas sexuales tienen derecho a ser, sentirse y expresarse como tales, igual que las personas asexuales tienen derecho a no sentirse incomodadas por la sociedad. Normalizar la asexualidad, visibilizarla, ayudaría a que el patriarcado y el capitalismo no utilizaran el sexo como un producto de mercado, como una forma más de constreñir a las mujeres, o como una manera de apropiarse de las sexualidades disidentes.

Me quedo con tres ideas: La primera es de Azul “Hay que luchar por la visibilidad. Creo que es lo que hoy se necesita, estoy segura que como yo hay muchas personas que desconocen quienes son, que piensan que están mal o que no encajan. Reconocernos, saber quiénes somos es fundamental para definirnos y aceptarnos.”; la segunda es que debemos “quitarle importancia a las etiquetas (tanto autoimpuestas como impuestas por la sociedad), romper con la lógica del repudio, reconocer que los sistemas dicotómicos no son aplicables a la sexualidad y que no solo un camino es el correcto”[9]; y la tercera es la necesidad de un cambio que no “sea individual, sino buscando la manera de ser visibles, crear comunidades y que esas comunidades no sean endogámicas, aisladas del mundo, creyendo que su participacion o aislamiento no tiene ningún efecto en la sociedad, porque siempre se tiene.”[10]. A partir de ahí, sigamos trabajando por una sociedad más justa e igualitaria, donde todas las personas tengan cabida y se respeten sus derechos (tanto los individuales como los colectivos).

Para saber más sobre asexualidad: http://www.asexuality.org/sp/ (en español)

PD. Gracias a todas las personas que me guiaron en este tema, las que me ayudaron a difundir la búsqueda de personas asexuales con quienes poder hablar, a los y las expertas en diversidad afectivo-sexual y activistas a quienes tuve el placer de entrevistar y conocer (aunque fuera de una manera tan virtual), y a quienes respondieron con paciencia a mis preguntas.

Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp.sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación, diversidad afectivo-sexual y promoción de la igualdad. Bloggera en http://vidadiversidadresistencia.blogspot.com.es/








[1]     Y con ello no estoy diciendo en absoluto que todas las relaciones monógamas sean insanas, ni que todas las relaciones polígamas sean sanas.
[2]     Siempre de una manera paternalista. Sigue habiendo LGTBfobia, pero es mucho más sutil.
[3]     Es curioso como las orientaciones no monosexuales son invisibilizadas. Se acepta la homosexualidad, sobre todo la masculina, pero la bisexualidad intenta esconderse bajo cualquier precio.
[4]     Suelen ser ¿aún no tiene novio?, si eres una mujer, y ¿aún no tienes novia?, si eres hombre.
[5]     Como en el caso anterior, la pregunta se hará en masculino si eres mujer y en femenino si eres hombre.
[7]     Para saber más sobre la hipersexualización de la sociedad y la encrucijada en la que se encuentran las mujeres, recomendable leer el libro Muñecas vivientes, de Natasha Walter.
[8]     Charlie, de 20 años, Argentina, se presentó como: “Soy Lithsexual/akoisexual (un tipo de grisexual) por que siento atracción sexual de forma esporádica cuando no es reciproca o sin importar si lo es o no. También soy arromántico panafectivo porque no siento atracción romántica hacia ningún género/ nadie ni me puedo enamorar, pero siento atracción afectiva y me puedo arrobar con personas de todos los géneros. Por último me identifico como skoliosensual, por sentir atracción erótico-sensorial (no sexual) hacia personas no-binarias y biestético por sentir atracción estética hacia personas binarias.”
[9]     Moisés Catalán.
[10]   Miguel, blogger de Golfxs con principios.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Perspectiva histórica de la sexualidad



Hace unos días comencé la serie televisiva Masters of sex, ambientada en los años 50 trata sobre el estudio científico del sexo, así como de las relaciones sociales y su enfoque durante la época en Estados Unidos.  A lo largo de la trama se van estudiando los diferentes tabúes del sexo así como aspectos de la sexualidad que desafían la concepción tradicional del sexo.

 En este artículo me propongo comparar los tópicos de los años 50, sexualidades consideradas disidentes en la época, que podemos ver en la serie con algunos de hoy en día para corroborar su vigencia. De hecho, en algunos casos se podría decir que la serie resulta transgresora.

Algunos tópicos que podemos ver en la serie:

-
Las mujeres no distinguen entre sexo y amor: Tópico también muy extendido en la actualidad, las mujeres como seres pasivos que se dedican a amar pero no a tener una vida sexual activa. 

Que además suele venir acompañado de la categorización entre una "buena" mujer que no busca sexo, sensible y emocional y el hombre que no tiene ningún tipo de educación emocional.



-         -  La masturbación femenina como tabú. Y todo lo que ello genera, categorización hombre-mujer y suposiciones que lejos de educar promueven roles en los que la mujer no se masturba o si lo hace es de forma diferente a la del hombre.



-        -  Hombres opinando sobre sexualidad femenina. Uno de los principales temas en la serie es la dificultad de la mujer para acceder a ciertos puestos de poder en el campo de la medicina o la ciencia incluso cuando el sujeto de estudio es la propia mujer.




-        -  Parejas heterosexuales como única referencia y todo lo que ello conlleva: pornografía dedicada casi exclusivamente a personas heterosexuales, estudios cuya única referencia son parejas heterosexuales, etc.



Autora: Lucía Carrillo González ( @mrsrobinson_ ), licenciada en filosofía por la Universidad de Granada, sus campos de interés son la ética, los derechos humanos y la metafísica.

lunes, 18 de agosto de 2014

Empoderamiento y "categorías"

El empoderamiento supone un desafío para el patriarcado y para el sistema  que lo mantiene, vivimos en un sistema patriarcal en el que se establecen unos roles y unos cánones que oprimen principalmente al sexo femenino y frente a los cuales el empoderamiento supone una liberación de esos cánones o al menos su destrucción parcial a partir de la puesta en cuestión de los mismos. Por ello toda acción de empoderamiento resulta transgresora y esta transgresión puede resultar a veces conflictiva y, en ocasiones, ese conflicto es utilizado en discursos machistas que tratan de desprestigiar el feminismo, por eso es necesario aclarar algunas cuestiones.

El principal problema viene al considerar que el empoderamiento es una acción concreta en un determinado momento, una acción reivindicativa y transgresora cuando en realidad el empoderamiento es un ejercicio más profundo y global y que abarca más que el mero hecho o la mera acción transgresora y que permite cambiar los roles que se han ido estableciendo con el sistema patriarcal.

Intentaré en primer lugar exponer esta explicación con ejemplos:

El  hecho de que una mujer emprenda un negocio es un gesto de empoderamiento, abre caminos y rompe con los roles y cánones del patriarcado, por lo general toda la población suele estar de acuerdo y promocionar esta serie de gestos. Aquí se está rompiendo con el rol tradicional de la mujer. Ese gesto emprendedor es una acción concreta, y es una acción de empoderamiento, pero el empoderamiento no se agota en la acción, sino que se podría identificar con el camino o vía abierta que deja la acción, a saber, por ejemplo, que se incentive el emprendimiento entre mujeres.

Pero hay otros gestos que generan polémica y que por lo general suele provocar otro tipo de reacción en la sociedad, por ejemplo la polémica generada en torno al proyecto freethenipple[1], ante esta campaña, también de empoderamiento, surgió un debate que siempre suele acabar con una dicotomía entre “lo que es verdadero feminismo y lo que no”. Un sector importante de la población consideraba que no es un gesto de empoderamiento o argumentaba que no es necesario enseñar un pecho para empoderar a las mujeres y de ahí se deduce que o bien no es empoderamiento (y que otros gestos si lo son, y al hacer esta división se crean las dos categorías de feministas: las de verdad y el resto de feministas) o que el empoderamiento es algo negativo que tiene que ver con algún tipo de radicalismo.  Sin embargo en esta acción, como en el ejemplo anterior, también se está rompiendo con el rol tradicional de la mujer, lo que ocurre es que se confunde el hecho del empoderamiento como movimiento contra el patriarcado (ruptura de roles tradicionales) con la manifestación del empoderamiento (sea cual sea: emprender un negocio, enseñar un pecho, no depilarse, ganar un premio nobel). Así que ante la respuesta contra este tipo de proyectos o manifestaciones del empoderamiento de este tipo se suele decir “¿Hay que enseñar un pecho para ser feminista o para llevar a cabo dicho empoderamiento?” Pues esa pregunta vendría a equivaler a “¿hay que emprender un negocio para ser feminista y empoderarse como mujer?” la respuesta es que no, no hay categorías de feminismo que vengan dadas por los gestos de empoderamiento que realices.




En cualquier caso, lo relevante de la cuestión es darse cuenta de que hay acciones que suponen un beneficio para todas las mujeres, acciones que empoderan y que si bien no es necesario realizar la misma acción, es importante darse cuenta de lo que suponen y no deducir de ahí que hay categorías de feministas.

Los discursos que afirman estas categorías fijan su mirada únicamente en la acción concreta, y no atienden al movimiento de empoderamiento general, y separan a las feministas que realizan esa acción con las que no y a unas las denominan feministas de verdad y a otras de otro tipo, pero esa denominación es tan absurda como decir que la mujer que no emprende un negocio no es auténtica feminista, o que la mujer que no gana un premio nobel no es una auténtica feminista. No existe tal dicotomía, el gesto puede ser diferente pero el objetivo es el mismo y el movimiento de empoderamiento también.

Así que, en conclusión, no existen diversas categorías de feminismo y el empoderamiento no es el medio por el cual se te asigna una determinada categoría, el empoderamiento consiste en romper con los cánones y los roles marcados por el patriarcado y existen diversas formas mediante las que se puede empoderar a una mujer, hay acciones concretas pero el empoderamiento no se agota en ellas.






Autora: Lucía Carrillo González ( @mrsrobinson_ ) tiene 23 años y es licenciada en filosofía por la Universidad de Granada, sus campos de interés son la ética, la filosofía política, los derechos humanos y la metafísica.


martes, 12 de agosto de 2014

VIOLENCIA SEXUAL COMO ARMA DE GUERRA Y EMPODERAMIENTO FEMINISTA

 

“El triángulo de la violencia es un reflejo social de actitudes y suposiciones humanas, cognición y emociones, conducta humana violenta física o verbal, percepción humana de objetivos incompatibles, chocando. La violencia cultural es la suma total de todos los mitos, de gloria y trauma y demás, que sirven para justificar la violencia directa. La violencia estructural es la suma total de todos los choques incrustados en las estructuras sociales y mundiales, y cementados, solidificados, de tal forma que los resultados injustos, desiguales, son casi inmutables. La violencia directa surge de esto, de algunos elementos o del conjunto del síndrome.” Johan Galtung[1].
Basándonos en esta definición de Galtung, podemos decir que la guerra y todos los crímenes que van asociados a ella surgen de unas estructuras culturales, sociales, políticas y económicas desiguales que se han ido instaurando y permanecen en la mente y en el comportamiento de los seres humanos a lo largo de la historia. Para crear un mundo equitativo, justo, democrático y en paz debemos empezar por deconstruir estas estructuras y erigir otras basadas en los principios que acabamos de mencionar.
En el caso que nos ocupa, la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra, las causas están relacionadas con la violencia simbólica, cultural y estructural ejercida sobre las mujeres y sobre las comunidades indígenas a lo largo de la historia.
La violencia sexual es una de las formas más graves de violencia de género, y se fundamenta en las concepciones sociales sobre el cuerpo femenino y masculino, y sobre la sexualidad. Este imaginario social convierte a la mujer en subordinada, basándose en un sistema sexo-género que, atendiendo a las diferencias biológicas, naturaliza y admite que existen características intrínsecas a los hombres y a las mujeres que tienen que ver con la manera de ser, de sentir, de actuar y de relacionarse con las demás personas. De esta manera, el rol de autoridad y poder masculino ejercido a través de la violencia sexual es tolerado y alentado socialmente.
Relatan horrores en juicio de Ríos Montt
Fuente: http://amqueretaro.com/2013/04/relatan-horrores-en-juicio-de-rios-montt/.html
Como ocurre con otras formas de violencia y discriminación, la violencia sexual contra las mujeres se recrudece durante los conflictos armados y se utiliza como arma de guerra contra los insurgentes y sus familias.
La utilización de este tipo de violencia hacia las mujeres se da por diferentes razones: en algunos casos es una conquista del territorio (utilización del cuerpo de la mujer como parte del territorio masculino, que debe de ser “expropiado”), en otros casos un castigo a las mujeres guerrilleras puesto que ejercen un rol que no les corresponde, también se utiliza como método de tortura para sacar información a las mujeres sospechosas de tener algo que ver con la insurgencia, y en muchos casos con la intención de destruir a una o varias comunidades indígenas.
Si ponemos como ejemplo el conflicto armado interno de Guatemala (1960-1996), las más afectadas son las mujeres indígenas: el 88,7% de las víctimas de violación son mayas, el 10,3% ladinas y el 1% restante pertenece a otros grupos. Lo cual evidencia el carácter genocida de esta guerra. La violación, tortura, humillación y asesinato de mujeres se vio como algo inherente a la guerra, lo cual quedaba reservado a la esfera privada. Esto tuvo consecuencias gravísimas para las propias mujeres y para la comunidad en general, ya que para ellas representaba un tema tabú del cual se avergonzaban y era la propia comunidad la que en muchas ocasiones las discriminaba. Esto ocurría y ocurre por la cultura machista que predomina sobre todo en zonas rurales, donde la virginidad de la mujer es muy valorada, por ello las mujeres que sufrieron estos abusos eran rechazadas por los hombres y tachadas de prostitutas. Por esta razón, los soldados utilizaban la violación como conquista del poder sobre los guerrilleros, para debilitarles y desmoralizarles, ya que amenaza su virilidad y su vulnerabilidad. Se conquista a la mujer como al territorio, por las mismas razones de invasión del enemigo. Era la manera, también, de someter a un pueblo entero a través del cuerpo de sus mujeres; de forma que se destruía el tejido social, comunitario y cultural de los pueblos indígenas.
En este contexto, la lucha de las mujeres que han sufrido este tipo de violencia por la igualdad entre hombres y mujeres pasa, no sólo por la denuncia y el castigo de estos crímenes, si no por la visibilización y la desestigmatización de las mujeres afectadas (lo que incluye el conocimiento y el reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos como vía para ser dueñas de su propio cuerpo y de su propia vida), y sobre todo la re-negociación de un nuevo pacto social que incluya unos nuevos cimientos para las relaciones de género. Es decir: desnaturalizar la violencia sexual contra las mujeres y convertirla en una violación de los derechos humanos fundamentales, que las mujeres tomen conciencia de sus cuerpos y de su sexualidad como algo propio, y transformar el sistema de poder patriarcal imperante en uno o varios modelos culturales, sociales, políticos y económicos más equitativos, justos y democráticos.
La condición física y psicosocial de las mujeres es determinante y básica para el ejercicio de sus derechos; por tanto, los movimientos de mujeres y feministas proponen generar espacios de reflexión y regeneración de conciencia para recuperar el cuerpo de las mujeres, y no continuar reproduciendo los roles que han venido asumiendo hasta ahora. Todo ello sin dejar de lado la diversidad cultural, que hemos visto de vital importancia en casos como el de Guatemala. Se incide contra el racismo de la misma manera que se lucha contra el sexismo, para reducir las brechas de las desigualdades existentes. Sin dejar tampoco de lado la participación de las y los jóvenes en estos procesos de transformación.
Es muy importante, entonces, el reclamo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; como medio para la erradicación de la violencia ejercida contra nosotras[2], pero también como un paso importante para recuperar nuestros cuerpos y, de esta forma, poder ser dueñas de nuestras propias vidas e identidades, como personas de pleno derecho y ciudadanas, como actoras de cambio.
En este contexto, resultan de gran relevancia las conferencias o foros nacionales e internacionales de mujeres en lucha. Estos eventos constituyen una forma de presión social y política, y se enmarcan, además, en ambientes de solidaridad y de apoyo, creando redes de mujeres y feministas a lo largo de todo el mundo.
“Cuando  las  mujeres  se  apropian  de  sus  memorias  para interpretarlas, organizarlas y divulgarlas, ocurre  un salto cualitativo que se materializa en la historia  propia,  donde  somos  nosotras  quienes  hablamos  desde  nuestros  cuerpos,  con  nuestras  voces  y  nuestros símbolos, para decidir un presente que ya  se  hace  futuro.” Ana Cofiño (La Cuerda, Guatemala: http://lacuerdaguatemala.org/es/)

BIBLIOGRAFÍA
AA. VV. Violencias contra las mujeres en el mundo: diversidad de miradas y estrategias para afrontarlas. Entrepueblos, 2008.
Revista La Cuerda, miradas feministas de la realidad. Nº 145: Memoria, construcción social del recuerdo. Guatemala, junio 2011.
D'ANGELO, Almachiara. Explorando nuestros cambios: Indicadores para evaluar  procesos educativos de género. Estudio realizado en el marco del proyecto Mujer,  Salud y Violencia (Financiado: UE, FNUAP; Ejecutado: C.V.G, Entrepueblos y Terra  Nuova), 1999.
GALTUNG, Johan. Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Red Gernika, 6. Bilbao, Bakeaz/Gernika Gogoratuz, 1998.
FULCHIRON, Amadine. La denuncia de la violencia sexual cometida durante la guerra en Guatemala: ¿un camino hacia la negociación de un nuevo contrato sexual? Artículo elaborado para el congreso de LASA 2006.

Autora: Isabel Álvarez Fernández, máster en cooperación internacional para el desarrollo (esp.sostenibilidad ambiental), activista feminista y en movimientos de solidaridad internacionalista. Especialista en coeducación, diversidad afectivo-sexual y promoción de la igualdad.




[1]      Politólogo noruego, una de las voces más importantes en temas de investigación sobre la paz y los conflictos sociales.
[2]      El tema de la violencia sexual sobre las mujeres es siempre tabú durante y después de los diferentes conflictos, por lo que sacarlo a la luz, recuperando una parte de la historia que ha estado escondida, es la forma de que las mujeres dejen de sentir vergüenza y culpa. El primer paso es reconocerse como mujeres, y reconocerse como capaces de afrontar y superar la situación de sumisión a la concepción androcéntrica del mundo.